La historia de Basuritas
El origen
En 1989, mientras Chile vivía los albores de la democracia y los niños cambiaban las figuritas del Mundial por cromos de nuevos programas de TV, la Editorial Salo lanzó un producto que nadie pidió pero que todo el mundo quiso.
Inspirado en los Garbage Pail Kids —la sátira estadounidense de las muñecas Cabbage Patch Kids—, Basuritas era un álbum de 150 láminas que presentaba personajes grotescos, sucios, malolientes y profundamente incorrectos.
No hubo grandes campañas publicitarias. El álbum simplemente apareció en los almacenes de barrio. Y en semanas, era la obsesión de todo niño chileno.
La polémica
Los padres no estaban contentos. Los personajes de Basuritas escupían, eructaban, se hurgaban la nariz y protagonizaban escenas que la sociedad conservadora de la época consideró inapropiadas.
El álbum fue prohibido en numerosos colegios a lo largo del país. Los profesores requisaban las láminas y los alumnos las escondían entre los cuadernos. La censura, como suele pasar, solo aumentó su popularidad.
Se dice que en algunos colegios de Santiago, el simple hecho de tener una lámina de Basuritas en el bolsillo era motivo suficiente para una citación al apoderado.
El legado
A diferencia de otros productos de la época, Basuritas nunca tuvo una segunda edición. Solo existió una serie de 150 láminas en 1989. Eso lo convierte en uno de los álbumes más codiciados por los coleccionistas chilenos.
Hoy, más de 35 años después, Basuritas sigue siendo recordado con cariño por quienes crecieron pegando sus láminas en las páginas de aquel álbum de portada amarilla. Un pedazo de la cultura pop chilena que, por asqueroso que fuera, nos hizo reír a todos.